Narrar para influir.

Narrar para influir

Narrar para influir es hilar palabras que, en la trama que componen, resuenan con las emociones y experiencias de la audiencia. Cuando tu presencia y tus historias inspiran y motivan, la autoridad de tu presencia es una consecuencia.

Pero, ¿cómo se escribe una buena historia? Comprender cómo se compone una narración efectiva, transforma simples anécdotas personales en tu  mensaje de marca.

En artículos anteriores desarrollé la importancia de la estructura y de la elección de personajes. Una historia efectiva es más que una sucesión de hechos, sin una organización efectiva y protagonistas bien delineados, el relato se diluye. Si te interesa aprender cómo estructurar tus narraciones y retratar protagonistas, te invito a leer: Storytelling para tu marca personal.

En este artículo, mi propósito es otro. El siguiente escalón narrativo: las técnicas para involucrar a tu audiencia y la definición de la voz narrativa, para que tu historia no se transforme en uno más de los ruidos que escucharon en el día.

Narrar para influir: Técnicas narrativas para involucrar a la audiencia.

Influir a través de la narrativa es el resultado de estrategias bien aplicadas. Una historia efectiva puede persuadir, inspirar y conectar cuando se escribe con intencionalidad.

¿Cómo se narra con intencionalidad? En este apartado te presento cuatro técnicas para lograrlo: identificar el mensaje central, practicar la observación y la escucha activa, incorporar imágenes sensoriales y usar metáforas y analogías.

Identificar el mensaje central.

Comienza por identificar el mensaje central de tu historia. Ya sea que compartas un desafío personal o una lección aprendida de tu experiencia profesional, la historia que cuentes expresa de una u otra forma, tu mensaje. 

Antes de contar una anécdota, pregúntate: ¿Qué quiero transmitir? Puede ser un desafío superado, una lección aprendida o una experiencia que marcó tu camino.

Sin embargo, no basta con conocer tu mensaje; también debes comprender qué es lo más relevante para tu audiencia. Al identificar sus intereses y preocupaciones, puedes seleccionar anécdotas que no solo reflejen tu visión, sino que también generen conexión emocional. 

Mejor aún, puedes transformar una experiencia cotidiana en una historia que exprese tus valores y tu ética profesional.

¿Por qué es importante? Porque una historia sin un propósito es un conjunto de palabras, mientras que una historia bien dirigida inspira, motiva y transforma.

Practicar la observación activa. 

La narración no es un monólogo; es un diálogo con la audiencia. Para perfeccionar tu enfoque narrativo, practica la escucha activa y la observación.

Presta atención a las reacciones de tu audiencia cuando compartas tus historias, especialmente en tus discursos orales: ¿Se inclinan hacia adelante? ¿Asienten? ¿Sus expresiones reflejan interés o desconexión? 

Estos gestos sutiles te brindan pistas valiosas sobre qué partes de tu historia generan impacto y cuáles podrían mejorarse.

Además, adapta tus historias al contexto. No es lo mismo hablarle a un grupo de emprendedores que a una audiencia de terapeutas. Cuanto más personalices tu historia según el perfil del público, más profunda será la conexión que logres.

¿El resultado? Una narración dinámica, flexible y auténtica que cautiva e influye.

Incorporar imágenes sensoriales.

Incorporar detalles sensoriales mejora exponencialmente la recepción de tu historia. Las palabras pueden crear mundos. Cuando describimos una escena con imágenes sensoriales —colores, sonidos, texturas, aromas—, transportamos a la audiencia de lo abstracto a lo vivencial.

Piensa en la diferencia entre decir «cuando subí al escenario, estaba nervioso.» y decir «sentí un cosquilleo en el estómago y las luces me cegaron por un instante.»

El segundo ejemplo permite que la audiencia sienta la experiencia. Cuantos más detalles sensoriales incorpores, más vívido será tu relato.

Usar metáforas y analogías.

Al establecer comparaciones entre conceptos familiares y nuevas ideas, estos recursos lingüísticos comunican de forma más accesible emociones y conceptos complejos. 

¿Por qué? Porque crean imágenes mentales que ilustran el  contenido y cuanto más ajustados seamos en elegir la imagen mental -en relación a la edad, sexo, cultrua del receptor-. más  efectiva es la historia que contamos. 

Una forma efectiva de utilizar metáforas y analogías es anclar tu historia en una experiencia que tu audiencia pueda identificar fácilmente en su horizonte de experiencia y expectativas. 

En lugar de explicar un concepto en términos abstractos, podrías compararlo con algo que les resulte familiar. Si hablaras de resiliencia, podrías decir: «Es como una planta que crece en el asfalto: aunque las condiciones sean adversas, encuentra la forma de florecer.»

Al posicionar tu mensaje dentro de un marco accesible, se incrementa la probabilidad de que tu audiencia recuerde e internalice el mensaje. 

La voz narrativa: el pilar invisible.

Contar una historia implica construir una experiencia para el receptor, una estructura en la que el significado es palpable, sintiente. En esta experiencia, la voz narrativa articula el contenido de la historia y la forma en que es percibida por la audiencia. 

Sin embargo, solemos subestimar su importancia reduciéndola a un aspecto técnico cuando, en realidad, define la profundidad emocional de un relato.

Veamos cómo la perspectiva narrativa, el tono y el rol del narrador determinan una historia y de qué manera estas elecciones pueden transformar un relato común en una experiencia que abone tu influencia.

¿Qué punto de vista elijo con la intención de narrar para influir?

Desde dónde se cuenta una historia es tan significativo como su contenido. La elección de la perspectiva narrativa condiciona la cercanía del narrador con su audiencia y el grado de implicación en la historia. Existen tres opciones fundamentales a este respecto.

Narrador en primera persona («yo»). Esta perspectiva crea un vínculo íntimo con el lector. Es especialmente poderosa en historias de transformación personal, ya que permite acceso directo a los pensamientos y emociones del narrador. Sin embargo, su uso conlleva el riesgo de desmesurar la subjetividad o de limitar la visión de los eventos a una sola y única interpretación.

Narrador en segunda persona («tú»). Este enfoque interpela al receptor, haciéndolo sentir parte de la historia. Lo utilizamos cuando buscamos provocar reflexión o acción en el lector. No obstante, su efectividad depende del contexto, ya que un uso inadecuado puede resultar invasivo o poco natural.

Narrador en tercera persona («él/ella/ellos»). Permite una mayor distancia entre narrador y audiencia, ofreciendo una visión más amplia y objetiva de los eventos. Se utiliza con frecuencia en relatos donde la estructura analítica o descriptiva predomina sobre la inmersión emocional.

La elección de la perspectiva narrativa no es un detalle menor; define el tipo de relación que se establece entre el narrador y su audiencia. Un mismo mensaje puede adquirir matices distintos según el punto de vista desde el que se enuncie.

¿Cómo influye el tono narrativo cuando quiero narrar para influir?

Si la perspectiva narrativa define la estructura del relato, el tono es su atmósfera emocional. No es lo mismo contar con humor que narrar desde la distancia analítica de un consultor empresarial. El tono es una elección que influye directamente en la recepción de la historia.

Existen múltiples tonos narrativos, pero algunos de los más utilizados son:

  • Inspirador: buscando motivar y generar identificación con el lector.
  • Reflexivo: invitando a la introspección y el análisis personal.
  • Provocador: desafiando creencias establecidas y generando tensión.
  • Testimonial: aunque es más una forma de narrar que un tono, refiere a la expresión cercana y genuina propia de las historias en las que contamos experiencias personales.

El tono tiene que ser coherente con la intencionalidad del texto y la audiencia a la que va dirigido. Un relato que busca conmover, pero se expresa con un tono neutro y técnico pierde su gracia natural. Del mismo modo, una historia que busca informar pierde credibilidad si se narra en un tono demasiado emocional o humorístico.

El rol del narrador.

El narrador no es una figura neutra. Puede posicionarse como guía experto, compañero de viaje o como coach, y cada una de estas elecciones influye en la percepción de la historia.

El guía experto se presenta como una autoridad en el tema, transmitiendo seguridad y conocimiento. Mientras que el compañero de viaje es una voz cercana que comparte experiencias horizontalmente. El coach es generador de preguntas, no entrega respuestas directas, sino que invita a la audiencia a reflexionar y extraer sus propias conclusiones.

Un relato en el que el narrador cambia de posición abruptamente, genera confusión y desconexión en la audiencia. En este sentido, cuánto más claro es el rol del narrador, mejor es la recepción de la historia que cuenta.

Entender estos elementos y utilizarlos con intención transforma una narración en un gesto comunicativo. En última instancia, el arte de contar historias no radica solo en lo que se dice, sino en cómo se dice y en quién se convierte el narrador dentro del relato.

Narrar para influir y algo más…

Narrar para influir no es solo cuestión de talento; es una habilidad que se perfecciona intencionalmente, con la práctica. La diferencia entre una historia cualquiera y una buena historia está en cómo se cuenta. 

Te propongo experimentar con estas técnicas. Tu voz tiene poder, que la narración sea el medio para inspirar, conectar e influir.

Si tu objetivo es transformar tus historias en el as bajo la manga para conectar con tu audiencia y potenciar tus ventas, descarga el ebook «Escribe y Vende».

Para que escribir relatos que emocionen, persuadan y vendan ya no tenga secretos.

Que te divierta, que sea real.