¿El fin de la marca personal?

A quienes siguen mis textos desde los prehistóricos tiempos de Escribe y Vende en Facebook, no les sorprendería escucharme decir que es el fin de la marca personal. Tampoco sería motivo de asombro leer de mis teclas que “marca personal” es un concepto restrictivo y manoseado a tal punto, que me provoca el mismo espasmo que “nicho de mercado”, “cliente ideal” y “propuesta de valor”.
¿Significa esto que los anteriores son conceptos inútiles? Para nada. Soy desmesurada, no necia. Son la expresión de valiosas ideas que, con el roce del uso y la masificación de las redes, se vaciaron de significado para convertirse en moldes estériles.
Una cáscara al sol, brillante pero sin sustancia.
Los modelos que estaban en vigencia cuando comencé a escribir online en 2010, parecen agotados. No necesariamente porque la tecnología haya cambiado o porque nos estemos adaptando a algoritmos más exigentes, sino porque las personas nos cansamos de lo artificial.
Esto, siempre se trató de los seres humanos detrás del algoritmo.
Hartos de discursos clonados, miramos de reojo, sin conceder atención al slogan genérico. Y mi espíritu rebelde a cualquier corset mental -soy una X, no intenten curarme- se siente feliz. Te cuento con más detalle por qué.
¿Es El fin de la marca personal?
¿Es el fin de la marca personal? De algo estoy segura, es el fin de la idea de esas marcas rígidamente reglamentadas y fundadas en el diseño de una versión idealizada de uno mismo.
Hoy este formato se siente forzado y repetitivo. Estamos dejando atrás:
- La autopromoción disfrazada de generosidad.
- El «gurú» de redes sociales.
- Los posts motivacionales sin sustancia.
- La búsqueda obsesiva de seguidores tan propia de Instagram.
- La construcción de autoridad basada en la proliferación de contenido, antes que en su profundidad.
No necesitamos más contenido, necesitamos más identidad expresiva. La audiencia no quiere más publicaciones de quien escribe, quiere lo mejor de sus textos.
la identidad expresiva: crear presencia verbal.
Autenticidad y espontaneidad…
Parecería ser que lo que fue una de las debilidades de mi negocio online durante años, ahora es el componente estrella de la nueva fórmula del éxito digital.
Es gratificante esa libertad y nos permite transitar progresivamente del concepto de marca personal al de “identidad expresiva”: una manera de habitar el espacio digital sin disfrazarse de lo que nos contaron que rinde y vende.
¿Entonces?
Dejemos de alimentar máquinas Neo, volvamos a conectar con personas.
Mi propuesta no es crear un frente de resistencia contra las herramientas digitales, las redes sociales y la inteligencia artificial. No pretendo fundar Sion. ¡Ni de cerca! Las uso todos los días, comprendo su utilidad y me valgo de ellas para vincularme y potenciar mi cerebro, no para sustituirlo.
Tampoco ignoro que los algoritmos están mutando aceleradamente hacia modelos más sofisticados que reconocen el uso artificial de las estructuras verbales.
Mi propuesta es crear desde el conocimiento y la experiencia, olvidando por un rato la sobre-optimización para los algoritmos.
La idea de “identidad expresiva” nació después de meses de silencio online. De la necesidad de abrazar una manera de estar en el mundo digital que exprese mi forma de pensar y sentir.
Y sí, le pedí guía a Dios, inspiración a las musas y ayuda técnica a Chat GPT que, convenientemente cargado de decenas de textos escritos por mí, reconoció que las dos palabras que más utilizo son “identidad” y “expresión”. ¿Me van a negar que puede ser eficiente? Y sin ofenderse cuando no recibe reconocimiento por su mérito.
Luego de ver la lista de palabras más frecuentes en mi vocabulario, la idea de “identidad expresiva” fue el paso siguiente y aquí estamos, escribiendo el texto en el que te invito a desarrollar tu forma personal de expresión de la subjetividad.
Pilares de la identidad expresiva o cómo trascender el fin de la marca personal.
Ya no es viable confundir “visibilidad” con “autenticidad”, ni es sostenible la carrera agotadora por la atención momentánea. Este cambio no supone abandonar la construcción de una presencia en línea, sino redefinir sus fundamentos.
¿Cómo? A continuación te ofrezco tres pautas esenciales.
El ejercicio de la opinión con un estilo personal se convierte en el eje central de esta transformación.
En la era del acceso ilimitado a la información, la diferenciación no radica en ser el primero en informar el dato bruto, sino en la interpretación singular del conocimiento.
La identidad expresiva reconoce que la forma en que cada persona interpreta, vive y comunica sus experiencias es irremplazable.
Por otra parte, el valor de nuestra opinión no se mide por las egométricas.
La saturación informativa creó audiencias más exigentes, menos impresionables por los números y más interesadas en lo que pueden aplicar a su vida cotidiana.
Las promesas de éxito inmediato perdieron credibilidad. Hoy buscamos una narrativa que transforme, que ofrezca herramientas para la acción consciente.
La identidad expresiva desplaza el enfoque desde la autopromoción basada en métricas hacia la integridad narrativa, generando un tipo de comunicación que no pretende vender una imagen, sino ofrecer un relato que nos atraviesa visceralmente.
Que nos hace sentir.
Este cambio de paradigma redefine la relación con la audiencia, que ya no puede ser entendida como un número de likes o de contactos en una base de datos.
La identidad expresiva invita a volver a la comunidad.
En la inmediatez del ecosistema digital, la conexión genuina y no sistematizada adquiere un valor diferencial. No se trata de acumular seguidores, sino de construir relaciones que resistan el paso del tiempo.
Un lector que se transforma a partir de lo que compartimos es lo que importa. La verdadera influencia no se mide en viralidad, sino en la capacidad de generar cambios significativos en quienes nos leen y escuchan.
Sean diez o diez millones.
La especialización con propósito se posiciona como el camino profesional más sostenible en este proceso.
La búsqueda de nichos rentables como estrategia de marca conduce a espacios saturados por audiencias fragmentadas y dispersas.
La identidad expresiva propone una “inversión en profundidad” antes que en amplitud.
No se trata de encajar en una categoría predefinida, sino de explorar lo que nos moviliza y sumergirnos en ello, con la suficiente dedicación como para transformarlo en “movimiento”.
Para que esto suceda, hay que ser adaptable, y una identidad expresiva adaptable no puede ser sinónimo de oportunismo.
La obsesión por seguir cada nueva tendencia llevó a demasiadas personas que respeto a bailar en un reel para obtener la moneda de cambio de las redes, la atención.
Este no es un modelo de crecimiento rápido ni una fórmula infalible para la visibilidad. Es una invitación a resistir la tentación de los atajos y a apostar por escribir textos que quizás no sean para muchos, pero van a ser.
El fin de la marca personal y el comienzo de la identidad expresiva.
Este cambio implica desaprender lo que sabemos sobre «construir autoridad» y atreverse a otra forma de expresión en el mundo online. Comparto a continuación los primeros pasos de ese recorrido:
Revisar tu contenido actual.
- ¿Cuánto de lo que publicaste sigue siendo valioso con el tiempo?
- ¿Cuánto publicaste por obligación y cuánto desde la convicción?
- ¿Qué textos expresan tus convicciones y cuáles podrías “deletear” sin pena?
Este ejercicio nos ayuda a depurar nuestra presencia digital y preparar el terreno para la expresión genuina de la identidad. Aquí te dejo algunos pasos prácticos para hacerlo:
- Auditoría de contenido: te propongo revisar tus publicaciones pasadas para clasificarlas en tres categorías: las que siguen vigentes, las que necesitan actualización y las que ya no representan tus ideas.
- Eliminar sin pena: no te aferres a publicaciones que hiciste por cumplir. Si ya no te representan, se borran porque no te hacen un favor.
- Redescubrir tus textos: analizando qué textos escribiste con verdadera convicción. Esos son los que construyen tu identidad expresiva.
A partir de ahora, antes de publicar, vas a cuestionar el texto en el marco de tu legado personal (ya hablaremos más del tema). Si te interesa escribir textos considerando estos aspectos, te invito a leer: Storytelling para tu marca personal
Definir tu identidad expresiva:
La identidad expresiva nace de la claridad sobre qué nos impulsa a, comunicar, cuestionando los siguientes puntos:
- ¿Escribo para enseñar, conectar, desafiar ideas, transformar?
- ¿Sobre qué podría escribir una y otra vez sin cansarme?
- ¿Qué problema quiero ayudar a resolver con mis textos?
- ¿Qué artículos son los que mi audiencia agradece?.
- Si alguien leyera mis textos sin autor, ¿podría decir si los escribí yo?
Cuando sientas que estás necesitando algo de orientación en tu proceso de escritura, mi propuesta es acompañarte para que escribas con estrategia pero sin agobio ni fórmulas trilladas: Mentoría de Storytelling.
Crear tu biblioteca digital:
En lugar de producir contenido efímero, construye recursos que perduren: guías, reflexiones, procesos documentados. No estás necesitando más contenido, sino mejor contenido. ¿Cómo lograrlo?
- Priorizar la calidad sobre la frecuencia: publicar menos, pero con más intención, construye una presencia digital más sólida.
- Documentar tus procesos y aprendizajes: en vez de crear contenido reactivo, la idea es generar materiales que respondan al contexto y sean referencias a lo largo del tiempo.
- Transformar tus ideas en formatos largos: guías, artículos en profundidad, e-books o incluso newsletters bien curadas pueden convertirse en textos que trasciendan la inmediatez digital.
- Crear un espacio donde tu contenido pueda vivir más allá del feed: un blog, una newsletter como Historias que convierten o una sección de destacados son formas de organizar tu conocimiento y hacerlo accesible a los lectores.
Medir lo que importa:
Que los «likes» no sean tu patrón de medida. ¿Cuántas personas implementan lo que estás compartiendo? ¿Qué conversaciones nacen de tu contenido?
- ¿Cuántas personas implementan tus ideas en su vida personal o profesional?
- ¿Qué conversaciones nacen a partir de tus publicaciones?
- ¿Tu mensaje se vuelve referencia?
- ¿Tu audiencia vuelve por más?
Esto no es una cruzada contra el marketing. Es un recordatorio de que las herramientas digitales están para potenciar nuestra identidad, no para vaciarla de significado.
La pregunta no es qué tanto podemos optimizar nuestros mensajes para los algoritmos, sino qué tanto queremos que nuestras palabras perduren más allá de un clic.
El fin de la marca personal: El legado.
Lo más difícil no es encontrar la propia voz -una mentoría hace ese trabajo- sino mantenerla a pesar del ruido. Porque, no nos engañemos, aunque hoy teorice sobre el fin de la marca personal, vas a observar cómo otros crecen bailando y la tentación puede ser fuerte.
Por si te resulta de utilidad, te cuento lo que me moviliza a escribir.
Usar la palabra “legado” tal como se usa popularmente sería un exceso del vocabulario. Sin embargo, si la pienso como “algo que se deja a los sucesores, ya sea material o inmaterial”, mis inquietudes se apaciguan.
Escribo para que Camilo pueda leer lo que pensaba su madre y esté de acuerdo o no, se sienta orgulloso de que defendí aquello en lo que creo.
También para que mis alumnos tengan constancia de que la convicción no es una postura de aula sino una forma de vivir.
Escribo para que quienes leen, se atrevan a recuperar la integridad y a reclamar el protagonismo de su historia.
Y porque creo que hay un espacio inmenso para quienes se atreven a compartir sin filtros y a construir con honestidad.
En definitiva, la identidad expresiva no es una estrategia de comunicación: es un testimonio de quiénes somos y de cómo elegimos habitar este tiempo.
Escribir, siempre escribir.
Que te divierta. Que sea real.